Constantemente estamos hablando y repitiéndonos que no somos felices. Sin embargo, si profundizamos un poco, encontraremos que buscamos la felicidad en el exterior. Si hacemos el ejercicio de mirar nuestra propia vida, descubriremos que tenemos elementos para vivir más plenamente. Encontraremos también seres humanos con menos de lo que tenemos y son personajes que con su vida nos dan testimonio de sencillez y de aceptación de la vida.
Es quizás un poco curioso escuchar las quejas de quienes dicen ser infelices. Siempre están atribuyendo la infelicidad a situaciones que se pueden resolver de alguna manera o que quizás tienen esquemas en su mente de faltantes que en realidad sólo son ilusiones que desean vivir: “es que no tengo esto…, es que me falta lo otro…, es que yo hubiera querido vivir distinto…”
quieren tener un carro mejor, una vivienda mejor, vivir con otras personas y no con las que viven actualmente y así, una cadena de motivos que impiden la convivencia de una manera más real y pierden parte su vida quejándose y ni siquiera se dan cuenta de ello. Entonces uno se pregunta ¿por qué no han luchado por conseguir lo que les falta? A veces son tantas nimiedades y hasta artículos materiales la causa de su infelicidad.
En muchos casos, son personas que para otras tienen casi todo: profesionales con éxito, tienen con qué vivir, vivienda, vehículo y hasta una relación estable de hogar, entonces ¿a qué se debe esta falta de felicidad? Acaso será que esta palabra se ha convertido en una ¿utopía imposible? Esto lo hemos creado en nuestra mente, siempre queremos más y ésta es la causa de nuestro esquema mental de insuficiencia. Con esto no quiero decir que nos volvamos conformistas. ¡No!. Hay que tener metas y lograrlas. Esta puede ser la realidad interna de quienes se quejan: no tienen metas en su vida y no valoran lo que tienen.
La solución a este estado mental es simple: apreciemos lo que tenemos y disfrutemos de ello. No permitamos que el exterior nos consuma. El ser humano que está contantemente quejándose se convierte en aburridor para quien lo escucha y convive con él. Es triste ver su opacamiento y son seres que nunca encuentran una solución, su negatividad no los deja ver más allá. Su etiqueta de infelicidad los aparta de los demás. Si recuerdan la tira cómica de Olafo, se convierten en símiles de él. Un aporte valioso para llenar nuestra vida es convertirnos en un observador de la naturaleza, disfrutar de ella, dejar que las cosas fluyan, es tener siempre metas en nuestra vida, sean espirituales o económicas. Aceptarnos tal cual somos y aceptar nuestra vida que hemos escogido nosotros mismos y nadie más, así sea difícil a ratos, si realmente tenemos algunas situaciones que nos estén molestando, enfrentémoslas y démosle solución, pero no nos quejemos tanto, no perdamos nuestra vida en medio de quejas inútiles que sólo permiten amargarnos cada día y perder el sentido de la vida.
Ethel Saavedra García.
2 comentarios:
Gracias Ethel . ¡Tienes tanto por leer que me maravilla, pero sobre todo por lo bueno que cada lectura lleva!
Lo bueno de mí es que no me quejo, ni tan siquiera "Don Anselmo" con lo viejo que es.
Un beso de 'la ranita'
Dale mi saludo a "don Anselmo"...y un beso para la ranita.
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